Relación es amor

por May 31, 2018Dabarim, Recursos

Decimos que Dios es amor, y el amor se construye y expresa en una relación. Cuando Él nos ha mostrado quién es, lo que hace por nosotros y el sentido de nuestra existencia, hemos contemplado que todo se resuelve en relación.

Llegó Jesús al mundo. Al principio, sus palabras comunicaban algo nuevo y maravilloso. No tiene sentido tener miedo de un dios lejano y colérico. No tiene sentido pensar que nosotros podemos manipular a dios a través de rituales mágicos o costumbres fijadas por personas que no conocimos en un tiempo que no vivimos. ¿Quieres llegar a Dios? ¡Él ha llegado a ti hoy! Es el tiempo del Reino de Dios: el Padre que nos ama infinitamente y sin condiciones. No se trata de un contrato jurídico, sino de una alianza de amor, que se sella cuando nosotros nos comportamos como hermanos y decidimos vivir repartiendo el amor con que hemos sido bendecidos, construyendo un mundo más humano y más justo.

Llegó Jesús al mundo. Nos reveló que podíamos vivir de manera distinta: libres y felices. Por Él hemos aprendido a ser hijos de ese Padre maravilloso. Nos ha mostrado la obediencia que se basa en la escucha y el diálogo. ¿Quieres saber qué pide Dios de ti? ¡Guarda silencio y su voz resonará en lo profundo de tu corazón! Nos ha mostrado que entregar todo el corazón y la vida por la causa del Reino es el camino hacia la libertad. ¿Quieres ser libre? ¡Ve, entrega todo lo que tienes a los pobres y sigue al Maestro! Nos ha mostrado que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos. ¿Quién es su amigo? ¡El que vive como él nos ha enseñado y permanece en su amor! Ser hijos significa que vamos siguiendo las huellas de Jesús, el Hijo amado del Padre.

¿Cómo podríamos hacerlo? ¡Es tan difícil! ¡Parece imposible! Tanto amor sólo es posible si el Espíritu Santo está presente en nuestro corazón. Sin Él, ni entendemos, ni creemos, ni nos amamos, ni esperamos, ni vivimos como hijos de Dios. Con Él, hay diálogo, escucha, verdad y justicia, paz, gozo profundo, perdón, comprensión y confianza. Así, nuestras relaciones van caminando hacia reflejar la bendita luz de la relación en Dios. Las tres personas son un Dios en un misterio que nos sobrepasa, pero el destello de su amor se expresa en la relación que nos invitan a vivir cada día.

El fundamento de esta relación es el amor. Y en nuestros días, vivimos confundidos y sin certezas. Por eso, nuestras nociones del amor son tan variadas que hemos desdibujado el rostro de Dios entre tantas opiniones y percepciones. Le llamamos amor a tantas cosas que no lo son, que apenas colman nuestro corazón con una satisfacción momentánea, pero dejan un vacío mayor cuando se alejan. Así, viciamos y dañamos nuestras relaciones. Cuando miremos al otro y descubramos en su mirada nuestro propio anhelo, dejaremos más espacio al Espíritu de Amor para que nos muestre el camino al Padre.