Un extracto de Emilio Mazariegos en su “En éxodo con María”, un libro que ha configurado mucho de mi andar cristiano en los últimos años. Habla de la juventud y me gusta lo que dice. Aquí está:

Proyecto Nuevo

Ser joven es tener el corazón abierto en proyecto. Ser joven es mirar hacia el futuro. Ser joven es soñar en un plan de vida. Ser joven es sentir la necesidad de hacer unidad, comunidad, comunión de vida con alguien. Ser joven es estar atento a la escucha. Ser capaz de dejarse querer por alguien. Ser joven es ser capaz de dar respuesta a una llamada. Ser joven es vivir un utopía. Ser joven es ser contradictorio. Ser joven es ser no-maduro. Ser joven es ser capaz de hacer de la vida algo bello, verdadero, grande y noble.
[…]
Un proyecto nuevo es Jesús para el joven que busca. Un proyecto para que oriente su vida por un camino desconocido., Un camino que sólo llegará a entender viviéndolo, comprometiéndose paso a paso. El mundo necesita del “proyecto nuevo” que es Jesús. Proyecto asumido por el joven, capaz de acoger el vino nuevo en odres nuevos. Ante el “proyecto nuevo” de Dios al hombre no se puede ser calculador, no se puede ir con planes, con vidas ya hechas. El Padre quiere corazones ligeros de equipaje para que eorazón haga andadura, para que salga de sí, de sus comodidades, de sus miedos, de sus programaciones y se adentre dentro de los Desconocido: el Espíritu. Y dejarse llevar, como María, por su fuerza. El es como viento, como fuego, como torrente. Dejarse conducir por el Espíritu que lleva a Jesús. Así, en fe, desde la llamda de Dios, se hace del “proyecto de Dios” al hombre, al joven, “el proyecto de la vida”. Y así, la vida tiene sentido. El sentido que Dios, en su amor, quiere dar a cada hombre, a cada joven en su plan maravilloso.1

Para quien me pregunte si yo he encontrado ya el pryecto de Dios para mi vida, puedo contestar honestamente que no. Dios no revela el proyecto como si se tratase de una película, o de una presentación de power point. El Señor se empeña en hablarnos desde el elocuente silencio. Así, sigo buscando, interiorizando y tratando de entender mucho de lo que pasa a mi alrededor.

Vivo en una etapa de mi vida en la que me veo caminando en una meseta. Puedo ver el camino que recorrí, cuesta arriba, para llegar aquí. En medio de la bruma, se atisba un recodo de camino que desciende a un interior misterioso y desconocido. Mis miedos están presentes, mis vicios y enfermedades con los que he crecido, mucho de lo que hay en mí no está tan blanco como podría esperarse. Con todo, el Señor tiende su mano y llama.

JME, la escuela, mi familia, los amigos, una mujer… parece una meseta muy cómoda, pero yo mismo sé que tarde o temprano el Señor me hará seguir en un decenso vertiginoso. Hasta ese día… la paz se manifiesta en un silencio agradable.
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1 MAZARIEGOS, Emilio, En éxodo con María, 2a Ed, Centro Vocacional Lasalle, Valladolid, 1989, págs. 17 & 21.