Yes, you were there; but you were not you, or you had a different spark in your eyes, anyway. I liked that. I also enjoyed our time together because we could simply laugh and share where we are, what we’re expecting, how life has shaped during these years apart from each other. There was, of course, some nervousness at first –I could notice your hands, but I decided not to say anything because my shaking legs would mirror them. By the end of the evening I felt joyful and hopeful for you: it seemed as if the promise of your wellbeing I once felt was on its way to be fulfilled. You were going to be okay, I thought when we parted –that confidence held me up when you came to my mind on grey chilly evenings. Now I know it is happening and life is smiling, deep in my heart I knew it all this time. I must say it feels great having seen you smile and hope for the future. And although I’m sure there was a lot pending, we still have issues we chose not to discuss that evening, an amazing hope warms up my crazy heart. There you are! You are important to me, I did not stop thinking about you and my prayer was for you to find the way –now it looks like the Way found you– and now I will always keep that evening as the great opportunity to witness how wonderful life can be when one follows our heart’s whispering. Thank you. Thank You. 


Alguna vez dije que la vida era como una gran mesa redonda, donde los comensales están a tu lado por un tiempo hasta que la mesa gira y te ves alejado de ellos. En ocasiones, la mesa vuelve a alinearse de tal modo que coincidimos con quienes llegaron a tener un papel relevante en nuestra aventura –y viceversa– Hoy lo sostengo porque otra vez ocurrió. Volví a ver a quien pensé nunca podría, por haber soltado su mano en medio de un valle de sombras.

Su corazón de guerrera siguió y me llenó de alegría verla tan vivaz, esperanzada y sonriente. Ha librado el buen combate y quizás tenga una cierta comprensión de quién soy y dónde voy, al menos sé que tiene su versión y es suficiente. No digo que sea un nuevo comienzo de mi relación con esa persona; lo veo más como conectar de nuevo nuestros caminos, sabiendo que siempre seguirán paralelos, esperando armonía y paz, poder compartir la vida, y seguir lado a lado en esta gran mesa siempre cambiante. Es lo más que puedo esperar ahora. Ha sido también una experiencia grata porque, a pesar del nerviosismo al principio, pudimos estar juntos. En sus ojos había un brillo especial y diferente, una esperanza que se alberga en su corazón y una renovada alegría. Todo ello debo agradecerlo al buen Dios que no la soltó de su mano poderosa y a su corazón de guerrera que siguió luchando en medio de las tinieblas.

¡Bendita sea la vida! Cerrar un ciclo así, dejar que la mesa tome su lugar después de un semestre bastante agitado, ha sido una experiencia de luz, una gran lección y un punto que me remite una vez a la promesa que me trajo hasta aquí. (Pero eso es tema de otro momento)

Tú no olvidas

You never forsake