El levanto

Temprano, a las cinco y media de la mañana ya estamos de pie. Algunos han bajado a orar en la capilla desde las cinco y quince. Otros, nos hemos quedado unos minutos más para ver si así podemos recuperar un poco más de lo que el estudio le ha privado al sueño. Como sea, hay que preparar al menos un emparedado y tomar algún jugo del refri. En medio de la aún oscura mañana, nos saludamos y preguntamos “¿cómo dormiste?”, “¿terminaste?” o “¿a qué hora te fuiste a dormir?” Luego de empacar el almuerzo del día, nos dirigimos a toda prisa para esperar el camión.

Camión Junior

A las seis y diez de la mañana, más o menos, pasa nuestro camión especial. El transporte escolar nos cobra diez pesos por viaje para llevarnos a la escuela y traernos a casa por la tarde. Cada día pagamos veinte pesos por la comodidad de llegar a la escuela en un solo viaje. Además, es mucho más barato que irse en el transporte público, y más rápido también. Nada más subirnos, eso sí, a dormir un poco más, al menos unos minutos para seguir en ese estira y afloja con el tiempo-descanso. Una parada más para que nuestras compañeras religiosas se suban y ¡listo! Rumbo a la UMA.

La UMA

En la delegación Tláhuac está nuestra universidad. Una escuela bastante grande, que tiene cuatro edificios. Incluso tiene espacio para acomodar estudiantes en unas aulas adaptadas como dormitorios durante el verano. Varios laboratorios y salas de cómputo, una biblioteca bastante surtida, canchas de fútbol, básquetbol y voleibol. La cafetería es espaciosa, aunque no se antoja mucho estar ahí. Los salones son por lo regular para más o menos veinte o treinta personas. Como nuestro grupo está en los cuarenta y dos, tienen que buscarnos los salones más amplios para tomar las clases.

El tiempo que pasamos en esta escuela es de más o menos nueve horas cada día. Se podría decir que, dado el tiempo que pasamos juntos y la intensidad del trabajo, los lazos entre los compañeros se hacen tan fuertes, que parece que en verdad hemos pasado el año unidos como grupo. Entre las clases, los descansos, la planeación de entregas por equipo, la tensión de las tareas, lecturas y otras actividades, pasa el tiempo, pasa el verano con prisa.

Clases

Cada clase dura dos horas y diez minutos. Cada descanso demora veinte minutos. Tenemos cuatro clases cada día. Los tres descansos apenas alcanzan para robarse tres bocanadas de aire, tratar de comer algo, hablar de trivialidades con los compañeros y seguir adelante. Poco a poco el cansancio hace mella en nuestro ánimo y, para la última clase, el profesorado tiene que adivinar cómo ayudarnos a renovar el espíritu y prestar atención. Creo que la sesión más complicada es la última del día sábado, cuando toda la semana está echada a cuestas y resulta sobrehumano poner dedicación a la clase.

Hay de todo. Desde los profesores que están apasionados por el contenido que imparten, que buscan la forma de engancharnos en esa aventura y se empeñan en que nos llevemos algo de sus cursos; hasta quienes parece que están más de malas que por gusto, que no ponen más atención de la necesaria y pasan sin pena ni gloria ellos y sus contenidos. Como en todos lados, encontramos diversos profesores y hay que sacar jugo de lo mejor, tolerar lo menos agradable y seguir adelante con el firme propósito de irnos pareciendo al ideal que seguimos configurando.

A casa

Alrededor de cuatro treinta salimos rumbo a casa. Abordamos el “Junior”, nos acomodamos rápidamente y ¡bam! Antes de que podamos contarlo, estamos dormidos. El viaje dura una media hora, tiempo que aprovechamos para la siesta adelantada. Cuando vamos llegando a Perisur alguno que otro despierta; para cuando alcanzamos el metrobús “Villa Olímpica” mueven a los que vamos más dormidos. En la estación “Ayuntamiento” nos bajamos. Damos las gracias y nos dirigimos a casa. Cansados, hambrientos, preocupados por las tareas que hay que resolver antes de que se acumulen, pero sobre todo, contentos porque un día de escuela se ha terminado. (aunque la noche que nos espera sea larga y de vigilia)

¡Mi taco!

Comer es lo primero que muchos hacemos después de aventar las mochilas en la habitación, la sala o –como lo hago yo– en la cocina misma. En unos minutos devoramos lo que hay en el plato. A veces hay ánimos de conversar con los hermanos sobre lo vivido en la mañana y otras, no. En cualquier caso, el hambre puede más que otra cosa. Ya calmado el apetito, se habla, se bromea, se explica, se planea… pero primero, lo primero. Agradecemos que haya un taco en la mesa, y que el P. Julio haya cocinado este verano, porque doña Verónica se fue de vacaciones.

La tarde/noche

Entre las tareas, las lecturas, los repasos previos a los exámenes y las prácticas que algunos hermanos tienen que hacer se nos va el tiempo en un suspiro. Al dar las ocho treinta vamos a la capilla para tener la Eucaristía. Un espacio para descansar un poco en la fuente de todo este esfuerzo, lo que da sentido a este subir y bajar, desvelarse y madrugar. Nuestro corazón a veces dormido, otras despierto, se encuentra con la Gracia y la Fidelidad de Quien nos ha llamado a esta vida y nos anima a vivir con su Palabra y su Alimento. Ahí vamos, le decimos, sosténnos y seguiremos adelante. Después de misa, algunos vamos a cenar algo; otros, siguen con sus trabajos y nos entra la noche. Dormir será un privilegio para quien termine sus tareas a tiempo y habrá más de alguno que no pueda hacerlo alguna noche. Así es esto.

Fin

Cerrando lo ojos, vamos perdiendo la conciencia con las últimas preocupaciones, las futuras esperanzas por el día que nos saludará antes incluso de que estemos listos para él. Cuatro semanas de trabajo, de esfuerzo. ¡Qué alegría que hayan terminado! No solamente porque el ritmo exhaustivo se reduce, sino porque los resultados obtenidos son halagüeños. Me quedo contento por razones que ya explicaré después. Baste decir que este curso me ha dejado mucho que pensar, mucho que agradecer y mucho para creer que esta vida es lo que Dios va pidiendo de mí. Con pequeños detalles, como los maravillosos y espectaculares amaneceres, me va mostrando que este camino puedo llamarlo tan mío como esté dispuesto a vivirlo con intensidad y entrega. Todo por Amor.