Un pequeño pastor

por | Dic 24, 2018 | Dabarim, Reflexiones

Imaginemos por un momento el lugar: un espacio llano con pastos buenos, el cielo claro y lleno de estrellas –quizás con luna– y el sonido de los animales amortiguando el silencio de la noche. El crepitar de la fogata, apenas tenue para no despertar a los demás que duermen. La noche está avanzada y el cansancio se aferra a los ojos de quienes deben vigilar. De pronto, ¡una gran luz! Este pequeño pastor pasa del profundo temor a la mayor alegría: todas las promesas se habrían de cumplir en el silencio de aquella noche. Con el corazón sencillo pudo acoger ese mensaje y creyó de verdad en el signo que el ángel anunció: Jesús no llega con estruendo, sino con la gran humildad de un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre.

Nos reunimos esta noche con esperanza y devoción. Buscamos reconocer a Dios en lo más pequeño de nuestras propias historias. Tal vez nunca hemos visto ángeles en el cielo, u oído el coro de la Gloria infinita de Dios. Será que nuestra fe quiere encontrar algo más profundo en lo cotidiano. Miles de niños nacen cada noche alrededor del mundo, pero la fe nos dice que éste es especial porque él es nuestra luz. Cuando caminamos en tinieblas y fuera de la calidez del amor, cuando renunciamos a aceptar la verdad que nos indica el corazón, este niño nace para que tengamos luz en abundancia y encontremos el camino de vuelta a casa.

Nos reunimos esta noche para contemplar el misterio con nuestro silencio reverente. Dios no trabaja según la publicidad del mundo, ni las señales poderosas y vacías de los poderosos de esta tierra. Este niño nace para que sepamos encontrar un minuto de silencio y callemos todas las otras voces que tanto poder tienen en el mundo de hoy: el poder, la fama, la violencia, el miedo, el egoísmo, el rencor. Otras voces susurran la Gloria de Dios. El amor es callado y nos invita a contemplar en silencio. Encontramos el amor en los detalles del corazón todos los días y hoy acogemos en silencio ese amor que nos transmite la Paz de Dios en nuestros corazones.

Nos reunimos esta noche maravillados de la gran ternura que Dios inspira. Las promesas que todos hemos escuchado se cumplen en Jesús, o son puro humo. Jesús nace. Es un bebé con una madre muy joven e inexperta, con un padre fuera de su entorno familiar. Nace en un pesebre porque no hay lugar para ellos en la posada. El autor de la vida vive ahora entre nosotros. Es el hijo de David, como nos fue prometido; es un salvador porque nos sacude de nuestra pereza y mueve nuestros corazones; es consejero prudente, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de Paz.  Todo eso en un bebé que apenas ocupa un pequeño espacio. Lo único que te pide esta noche es un cachito de tu corazón. Trae la Verdad, la Luz, la Paz y el Amor.

Nos reunimos esta noche porque la presencia de Jesús en nuestros corazones nos llama, nos congrega. Gracia a él, nosotros somos su pueblo, entregado a hacer el bien. Esto sucederá si le das un lugar en tu corazón, si abres la puerta y derribas las barreras de la desconfianza, el odio y el resentimiento. Harás el bien porque el Bien habita en tu interior para que inundes de amor el mundo que te rodea. Damos gracias por ese milagro en esta noche santa.

Este pequeño pastor se ha quedado también asombrado y no logra comprender por qué Dios ha hecho esto. Él pudo tal vez realizar grandes proezas y conquistar los corazones más duros con los milagros de su brazo. En cambio, decidió regalarnos un pequeño bebé que nace en una noche fría de cielos claros, en medio de la sencillez y la pobreza. ¡Y éste es el signo de la Gloria de Dios! Pero este pequeño pastor no se pone a discutir con Dios sus métodos, sino que va y anuncia la alegría del anuncio que ha recibido. Hoy nos ha nacido un niño y en él descansan todas nuestras esperanzas.

Este pequeño pastor emprendió el camino hacia el portal de Belén con la ilusión de poder contemplar, en silencio, aquello que ya había creído por la fe. No sabía ni qué decir, ni cómo comportarse al estar en la presencia de ese niño, pero cuando llegó por fin el corazón le dijo exactamente qué hacer, cómo hablar, qué decir.

Te invito esta noche a seguir el ejemplo de este pequeño pastor. Ya has escuchado el gran anuncio del ángel del Señor. Ya sabes que esta noche es especial y distinta de todas las otras noches del año. Ya llegaste hasta la casa de tu Padre para buscar su bendición y agradecer su amor incondicional. Ya estás aquí, asombrado por el misterio de Dios hecho un pequeño bebé de mirada tierna y sonrisa sencilla, de llanto fácil, ¡tan frágil! Ahora, ya sabes qué hacer: te invito a contemplar en silencio el amor maravilloso que Dios te ha tenido al mandar a su Hijo Único para salvarte a ti, para que encuentres el camino de vuelta a casa tú, para que dejes las tinieblas de una vez y para siempre, para abrazar a este niño que es la Luz verdadera.

Callamos ahora, para que el Señor nos hable en el silencio de nuestro corazón.