Vida Eterna

por | Mar 11, 2018

Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo al mundo para que todo el que cree en Él tenga vida eterna. Nos parece que esta promesa de eternidad sólo podrá hacerse realidad hasta que hayamos muerto. ¡Pero no es así! Cuando fuimos bautizados nacimos a una nueva vida, dentro de una comunidad de personas que creemos en Jesús y nos esforzamos cada día para que nuestras obras estén hechas según Dios. Este nuevo nacimiento se realiza todos los días una vez más. Cada nuevo día es una oportunidad para iniciar la vida con más fuerza y brillo porque nuestra vida está llamada a la eternidad. La vida eterna comienza hoy.

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El miedo, la ira, el rencor, la violencia y la envidia pertenecen a las obras de las tinieblas. A ellos les conviene que todo permanezca oscuro y sin vida. La luz de Cristo nos llama a vivir con fe, amor, perdón, fortaleza, fortaleza y paz. Así construimos nuestra vida eterna desde hoy. Quienes creemos en Jesús vamos acompañados por su Luz en el camino cotidiano, buscamos de todo corazón seguirlo a Él y no la corriente del mundo. Aunque muchas veces tropezamos, nuestro Padre Dios nos ama tanto, que sigue fiel al camino mostrado por Jesús para que tengamos vida en abundancia.

Todo esto es un regalo, nos ha dicho el Apóstol, para que no tengamos que preocuparnos por un juego de sumas y restas entre la luz y la oscuridad. Si cada día es una nueva oportunidad, puedo seguir adelante creyendo en el Amor que Dios me tiene y las fuerzas que me da para vencer al mal a fuerza de bien. A pesar de las acciones del pueblo y sus jefes, Dios les dio la oportunidad de volver del exilio, para comenzar de nuevo a través del mandato de Ciro.

Si la vida eterna comienza hoy, hoy daré los abrazos que no he dado, hoy diré las palabras de afecto que no he dicho, hoy ayudaré de corazón a quienes me necesitan, hoy perdonaré las ofensas de mi hermano y dejaré el juicio en las manos de Dios, hoy estaré más cerca de quienes se encuentran solos, tristes, abandonados… Así, mi propia vida se irá convirtiendo día tras día en una garantía de vida eterna. Por eso, considera tus obras y tus actitudes en lo profundo del corazón. ¿Qué pertenece a la luz y se acerca a ella confiadamente? ¿Qué permanece en las tinieblas, temiendo ser descubierto y expulsado de tu interior?

Nuestra promesa de eternidad inicia con nuestra respuesta generosa y llena de fe al amor de Dios que espera lo mejor de nosotros, que sueña con la mejor versión de nosotros mismos. De este modo, al final, esperamos unirnos a todos los que han caminado antes que nosotros y ya se nos han adelantado en un gran abrazo de amor.