Hay una canción de Fernando Delgadillo, nuestro dilecto, que se llama “Vuelos” y habla de cosas diversas y de como la vida no es más que un camino donde de pronto vamos andando en paralelo y vivimos unos junto a otros, cada quien en su propia historia, pero significando algo en la de los demás. Dentro del tema hay una parte que me gusta mucho:

No te pares, no te rindas, no te dejes vencer. No le des ese gusto a nadie.

Más de una vez quise dejar el puesto que ostento ahora mismo. Las cosas en la oficina no son nada ideales y no queda más que apechugar muchas veces. Amilanarse no nos deja nada bueno así que lo mejor que podemos hacer es ponerle “a las balas el pecho”, como solía decir mi querido Pablo Bayas. 
Cada vez que tenía ganas de aventar la toalla, escuchaba “Vuelos” y “Sueña” (de Gerardo Mejía) para reanimarme y poder tomar perspectiva de lo que hacía y lo que podría seguir haciendo. Hasta el día de hoy ha funcionado. Aunque debo reconocer que lo que Juliett (la recepcionista de Maple Academy) me dijo este sábado tiene mucho de verdad:

Tú no eres feliz con este trabajo. Extraño ver al Oti contento que llegaba con su mochilón, sus pelotas, su cuyo, su pillo, pulla… Que disfrutaba lo que hacía. Ahora no estás feliz, no lo disfrutas, hasta te pone de malhumor lo que tienes que hacer. Y luego te vemos enojado y no sabemos porqué. 

Mi tarea en los siguientes días, semanas o meses será encontrarme de nuevo con ese Otilio que soñaba con nieves de nuez y tazas interminables de café. El que quería descubrir la forma más divertida de enseñar inglés, que se entusiasmaba al salir de clases –agotado– a las nueve de la noche y que veía los días de pago como un plus para la dicha de hacer lo que más le gustaba. ¿Podré?